domingo, 1 de abril de 2012

EL AMOR DE DIOS Juan 3:16.

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


Este texto que acabamos de leer está escrito en la Biblia, en el capítulo 3 del libro de San Juan. Este “versículo” (división o segmento de frases de un capítulo), quizás sea uno de los versículos que mayormente se ha predicado y difundido casi por todo el mundo. En este versículo se resume prácticamente todo el evangelio (las buenas noticias o buenas nuevas), pero desafortunadamente aún cuando miles y quizás millones de personas en todo el mundo ya conozcan este versículo, son igualmente muchas las personas que desconocen su valioso significado.

Importante

Pero antes de explicar cuál es el “significado” profundo y verdadero de este versículo, es muy importante para entenderlo conocer esto:
  1. Dios es quien creó la luz, los cielos, la tierra y las estrellas; además creo todas las plantas y animales que en la tierra habita; y todo lo que en los cielos habita. Dios creó al hombre y a la mujer. Dios es Omnipotente “Todo Poderoso”  (tiene TODO el poder), Dios es Omnisciente (lo sabe TODO), Dios es Omnipresente (es Eterno: él era, es y será por los siglos de los siglos).
    Génesis 1: 1 al 5
    En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
    Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
    Juan 1: 1 al 5
    En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
  2. La Biblia es la revelación divina “la Palabra de Dios” dada a los hombres. En la Biblia, Dios por su voluntad ha dado a conocer todos  los planes que él tiene para los hombres: Mandamientos, leyes, promesas, bendiciones, instrucciones, revelaciones, profecías, etcétera. Fue escrita por hombres escogidos por Dios como un valioso “instrumento”, los cuales fueron “inspirados” por Dios.
    “Inspirada por Dios” es una sola palabra en el griego.

    “Teopneutos” significa literalmente: “Respirada por Dios”.

    Esto indica que la Escritura fue exhalada por Dios e inhalada por las mentes de los hombres por obra del Espíritu Santo. Con este acto Dios, reveló su Palabra a los hombres que él escogió librándolos de cualquier error al escribirla. Por tanto la Biblia no contiene la Palabra de Dios únicamente, sino que toda ella es la misma Palabra de Dios.
    2 Pedro 1: 19 al 21
    Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
   
 Lucas 24: 25 al 27
    Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

    Juan 17:17
    Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad.


  1. El evangelio, es decir “las buenas noticias”, son estas: Jesús, el Hijo de Dios, o “Dios el Hijo” como era entendido en el contexto judío; murió, fue sepultado y resucitó al tercer día para salvar a todo aquél que en él cree, para darle vida eterna a todo aquél que en él cree.
    1 Corintios 15: 1 al 8
    Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
    Porque primeramente os he enseñado lo que así mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi.

Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


¿De qué nos salva Jesús?

La respuesta de esta pregunta viene descrita en la parte del versículo donde dice “no se pierda”. La Palabra de Dios dice que Dios no quiere que los hombres nos perdamos y por eso nos “ha dado a su Hijo unigénito”, porque sin Jesús los hombres estamos perdidos.


Juan 3:17

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Tanto en el versículo 16 como en el versículo 17 se nos habla de algo muy importante que los hombres padecemos sin el Hijo de Dios: estamos perdidos “no se pierda” vr.16 y estamos condenados Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para  condenar al mundo” vr.17.

Si Dios no quiere que los hombres se pierdan, es decir no quiere que los hombres vayan a condenación. Entonces ¿qué es lo que ha perdido a los hombres?; ¿qué es lo que los ha condenado?

Lo que ha perdido a los hombres.

La Palabra de Dios nos habla acerca de la condición espiritual de los hombres delante de los ojos de Dios por causa del pecado,  y dice en:

Romanos 3:23
Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 5:12
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

 Romanos 3:10
Como está escrito: No hay justo, ni aún uno;

 Pecado es todo aquello que los hombres hacen y que desagrada a Dios; es decir pecado es no hacer la voluntad de Dios. Pecado en otras palabras es “revelarse a la voluntad de Dios”. Por ejemplo:

Juan 15:17
Esto os mando: Que os améis unos a otros.

Muchos quizás se sorprendan al leer que también se desconoce este breve pero completo mandamiento. Falsamente hay quienes creen y dicen que para Dios TODO es pecado, usando este argumento como “salida fácil” a no querer realmente conocer  cuál es la voluntad de Dios.

Romanos 13: 8 al 10
No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Los hombres pecamos con lo que pensamos, con lo que hacemos, con lo que decimos y con lo que dejamos de hacer.  La Palabra de Dios dice que “todos pecaron”. En Romanos 3:23 cuando leemos que “todos pecaron” se refiere a absolutamente TODOS los hombres y mujeres de todos los tiempos. Incluyéndome a mi; yo (el que comparte este estudio) he pecado, todos lo hemos hecho. No hay nadie que pueda decir “yo nunca he pecado” o “yo no soy pecador”, y si lo dijera estaría simplemente evadiendo reconocerlo,  cuando “mentimos”,  pecamos.

1 Juan 1:8 y 10
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

¿Cuál es la consecuencia del pecado “haber desobedecido a Dios”?

Romanos 6:23
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

La paga (consecuencia) del pecado es la muerte. Esta muerte no se refiere a la muerte “física” pues si así fuera nadie estaría hoy con vida física; la muerte a la que se refiere aquí es a la “separación eterna entre Dios y los hombres”, esta condenación o “muerte” que los hombres padecen por causa de haber pecado está descrita en el libro de Apocalipsis.

Apocalipsis 21:8
Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

La Palabra de Dios dice que existe un lago que arde con fuego y azufre (la muerte segunda), el cuál está reservado para todos los antes descritos en la palabra de Dios, para todo aquél que esté muerto en sus delitos y pecados, como paga de su “pecado”. Porque Dios lo ha establecido “Porque la paga del pecado es muerte” Rom.6:23

Mateo 13:41,42
Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

 En estos versículos Jesús ha hablado que existe el lugar llamado el “horno de fuego” en donde será el  “lloro y el crujir de dientes”. Y dice que ahí serán echados los que “sirven de tropiezo”, y a los que “hacen iniquidad”.

Lucas 3:17
Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

¿Cómo se puede evitar ir a la condenación eterna?

Pero aún los que no lo creen, es decir los incrédulos y los que son conscientes de haber hecho el mal, que reconocen que son pecadores, tienen una gran oportunidad de ser redimidos para no ir a  este lugar de eterno tormento, para no ir al infierno.

Falsamente se ha difundido que las “buenas obras” son las que nos salvarán de no ir a la condenación. Atención este es un punto muy importante: Las buenas obras SÍ hay que hacerlas, SÍ hay que hacer el bien; a lo largo de toda la Biblia Dios expresa que su voluntad es que el hombre haga buenas obras es decir que haga el bien, pero la Palabra de Dios nos dice que las obras NO son las que nos salvan.

Efesios 2:8 y 9
Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

La Palabra de Dios dice que Dios nos salva por “gracia” (favor inmerecido), y que esta “gracia” actúa por medio de la “fe”. Y dice “esto no de vosotros” (refiriéndose a que la salvación no depende de lo que hace uno mismo), “pues es don de Dios” (un regalo de Dios). Y atención con el versículo 9 cómo dice: “no por obras, para que nadie se gloríe” (es decir para que nadie se enaltezca, de este modo la salvación no queda fuera del alcance de nadie).

Atención si fueran las “obras” las que nos salvan de ir a la condenación eterna, entonces no tendría ningún caso llamar a Jesús como “..el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo..” Jn. 1:29; PERO como las obras NO son las que nos salvan, sino que el único salvador del hombre para no ir a la condenación es Jesús, por eso es solamente Jesucristo quien salva al hombre de no ir a condenación.

Romanos 6:23
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Este hecho lo confirma la palabra de Dios “mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (un sinónimo de “dadiva” es “regalo”, el regalo de Dios).

Nadie puede por sus propias obras evitar ir a la condenación eterna; nadie puede por sus propios medios o andando en su propio “camino” ir al cielo después que físicamente muera.

Juan 14:6Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi.
Romanos 5:8
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

El amor de Dios

Lo que Dios muestra en su palabra es que la salvación de los hombres es un regalo de Dios por amor. Un amor tan grande que las palabras no alcanzan para describir ese amor tan grande, un amor tan verdaderamente grande que nuestro entendimiento finito, no lo alcanza a discernir; pero lo más maravilloso es que lo podemos conocer.

Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este “don de Dios”, esta “dadiva de Dios”; este precioso regalo de Dios es “vida eterna en Cristo Jesús  Señor nuestro”; el regalo de Dios es la salvación de los hombres para que no vayan a condenación por haber pecado “voluntariamente”.

Este Regalo de Dios dice la Biblia que podemos recibirlo TODOS, absolutamente TODOS.

Juan 1: 12
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Recibir este regalo es reconocer que uno mismo es pecador, arrepentirse de haber pecado y creer que Jesucristo murió en la cruz para el perdón de tus pecados y los de todo el mundo,  “para que todo aquél que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Este regalo se acepta por “fe”, abriendo la puerta del corazón a Jesús.

En el siguiente versículo Jesucristo nos dice cómo abrirle la puerta de nuestro corazón.

Apocalipsis 3:20
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.

Jesús llama a la puerta de tu corazón y te pide que le permitas entrar en tu corazón, y promete: “..entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

Jesús no obliga a nadie, él llama a la puerta de tu corazón. Jesús que murió en la cruz, fue sepultado y resucitó al tercer día y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; el cual por amor quiere limpiarte de todos tus pecados y darte el regalo de “vida eterna” quiere entrar en tu corazón. La pregunta es ¿Le abrirás?

Apocalipsis 3:20
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.

Si así decides hacerlo debes confiar en Jesús  y por “Fe” pedirle en una oración a Jesús que entre en tu corazón. Esta oración, se sugiere hacerla así, en tus propias palabras:

“Señor Jesucristo, reconozco que soy pecador; me arrepiento de mis pecados. Te acepto como mi único y suficiente salvador que murió en la cruz para perdón de mis pecados. En este momento te abro la puerta de mi corazón, y te invito a entrar. Te pido Señor Jesucristo que habites en mi corazón y me des el regalo de la vida eterna. Amen.”

Si lo has hecho mira lo que la Palabra de Dios dice acerca de esta decisión.

1 Juan 5:11, 12 y 13.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Ahora responde ¿Qué es lo que nos ha dado Dios? ¿Esta vida cómo es?¿ En quién está esta vida eterna? ¿El que “tiene al Hijo” qué tiene?

Si has tomado la decisión de recibir a Jesucristo en tu corazón, Dios te ha perdonado de todos, absolutamente todos tus pecados, ya no iras a la condenación, tienes vida eterna, e iras al cielo con Dios. Dios lo ha prometido.

Juan 5:24
De cierto, de cierto os digo : El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


¡APÁRTESE DE INIQUIDAD QUIEN INVOQUE EL NOMBRE DE CRISTO!

La iniquidad y su invasión en el seno eclesial, la terrible lacra de nuestros tiempos

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;   cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,  en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3: 5-7)

“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;  y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24: 11, 12)

Este mundo tal y como lo conocemos, va cada vez más al declive moral total. La maldad, o anomia, es decir, el abandono de la ley o voluntad de Dios, como dijo el Maestro (Mt. 24: 12), es la tónica general y constante de los días que nos está tocando vivir, y seguirá así in crescendo, hasta la venida en gloria de Cristo a este mundo.

Los que creen que en ese sentido, cada vez las cosas van a ir a mejor; avanzando hacia la conversión de las gentes a Cristo, lo cual llaman el Avivamiento Mundial, se equivocan de pleno y plano, siendo eso también, parte del misterio de iniquidad (2 Ts. 2: 7), puesto que es un engaño dirigido a los mismos creyentes.

1. La maldad está servida en bandeja de plata

En muchas partes del mundo, enseñan a los jóvenes a masturbarse, bajo el vergonzante slogan “El placer está en tus manos”
Para ello se han gastado 14.000 euros, en realizar esta sucia y abominable campaña. Leemos así en el divulgativo Libertad Digital del 11 del corriente:
“La capacidad de las administraciones europeas en descubrir nuevas formas de tirar el dinero público es inagotable. Según desvela Periodista Digital, la última ocurrencia ha sido de la socialista Junta de Extremadura que ha puesto en marcha una campaña para fomentar la masturbación…El diario Periodista Digital cuenta que los promotores del disparate se refieren a la campaña con eufemismos como "fomentar la autoexploración sexual y el autodescubrimiento del placer".

De esa manera, dicen pretender destruir “tabúes” e “inhibiciones” propias del resultado de una educación retrógrada basada en la tradición y la religión. Aseguran que  “servirán para destronar mitos”

Amigos, ¡la maldad está servida en bandeja de plata! Sólo hay que abrir un poco los ojos.
En los medios televisivos y otros medios de comunicación de masas, por activa y por pasiva vomitan mensajes de iniquidad a los ojos y oídos de los que se prestan a ello, y de los que no. Niños y no niños somos víctimas de esa tropelía, aun cuando sólo pretendemos sencillamente ver el telenoticias diario, o algún que otro programa de entretenimiento, sin más.
La televisión ya no se puede ver.
A. También el seno eclesial está siendo atacado

Pero lo más terrible, es que el espíritu de anomia, camuflado o no, está entrando en el seno eclesial. Muchos ministros somos conscientes de ello, otros no tanto. Otros están más preocupados con otras cosas. Están distraídos.

Error: Crecimiento numérico por encima de crecimiento en santidad
Muchos están más preocupados en qué hacer, inventar, reinventar o simplemente “adoptar”, “adaptar” o copiar, métodos (ahora le llaman “modelos”) para ver crecer sus iglesias, viendo en el número, per se, sinónimo de éxito. Esto no es más que megalomanía.

Hay ministros que demuestran tener una necesidad imperiosa, no sólo de hacer crecer numéricamente sus congregaciones, sino de llenar su insaciable ego; su sed de protagonismo. Les ves después de cada predicación llamando a cada uno de los oyentes reunidos allí, para que reciban la “unción” que les será impartida con sus “santas manos”. Se presentan a sí mismos como estrellas, como los ungidos especiales, de los cuales dependiera la grey. Esto, otra vez, no es más que megalomanía.

Lo trágico es que entrando en esa vorágine, se da la espalda al listón en alto, al listón de la santidad y el temor de Dios, y en vez de ello, se lanzan al vuelo infinidad de espejismos, luces de colores, fiesta, campanillas de cristal, flores, guirnaldas y orondos globos blancos y mucha, mucha emoción y alegría del alma, a todo lo cual le llaman “el gozo del Señor” y “avivamiento”.
También en un sentido no deja esto de ser iniquidad.

Teniendo en cuenta que el crecimiento verdadero lo da Dios (1 Co. 3: 6, 7), y no los “modelos” y estrategias humanas, la primera preocupación que el ministerio pastoral, y todos los verdaderos cristianos en general debiéramos tener no es en cuanto a lo relacionado con el crecimiento numérico de las congregaciones cristianas, sino en lo referente al estado espiritual de los actuales miembros de las mismas.

El pastor o y los ancianos, así como los demás creyentes, no deben caer en la trampa de creer que su objetivo principal es llenar el templo, y consecuentemente pensar en abrir un nuevo culto los domingos, y luego otro. El objetivo principal del ministerio pastoral no es ese, sino el asegurarse de la grey actual, y de que vive conforme a Cristo en SANTIDAD y OBEDIENCIA. Debe estar seguro de que la grey recibe todo el consejo de Dios (Hechos. 20: 27), y hacer lo que esté en la mano para que lo viva. El ministerio pastoral debe asegurarse de que agrada a Dios.

 El ministerio pastoral debe temer a Dios, por encima de cualquier atisbo de temer a la membrecía.

Lamentablemente, lo cierto es que en muchas congregaciones, se omite mucho del Consejo de Dios, y consecuentemente, la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo queda relegada a un segundo plano.
Las razones para así proceder son diversas. Por lo general, hay muchas cuestiones que no se tocan hoy en día desde tantos púlpitos por temor a que las “ovejas” se lleguen a asustar, o incomodar, y se vayan de las iglesias; prefieren mandar a la gente al infierno que decirles la verdad.

2. Dando un ejemplo sobre estas cuestiones. El pecado de tipo sexual

Sin ánimo de confrontar a nadie en particular, pregunto, ¿Cuándo fue la última vez que se enseñó acerca del pecado de índole sexual y de sus consecuencias en su congregación?
Muchos me responderán que no tocan ese tema porque creen que no es necesario, ya que los creyentes ya saben acerca de ello, pero pienso que es una simple excusa para no poner el dedo en la llaga en una cuestión que ha alcanzado niveles de iniquidad devastadores, por ser para muchos en estos tiempos, una práctica de pecado oculto.

Hay una pregunta que constantemente me hago a mí mismo, ¿por qué hay tantos en tantas congregaciones cristianas que se dicen cristianos (líderes, levitas, ujieres) y practican algún tipo de pecado de índole sexual?

Jóvenes, y no tan jóvenes, muchos viven en práctica de pecado. Pero no sólo debemos pensar en inmoralidad sexual, sino también en inmoralidad de cualquier otro tipo, cuando la Biblia clarísimamente nos enseña que “todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3: 9) Entonces, ¿Por qué se engañan así mismos llamándose lo que no son, esto es, hijos de Dios? Y ¿Por qué tantos pastores hacen la “vista gorda” cuando saben que se comete práctica de pecado, y les consienten como miembros de sus congregaciones, y aún les tienen en diferentes cargos y en diversas responsabilidades ministeriales? La respuesta es simple, porque no hay temor a Dios, no hay santidad.

Unos se sienten cómodos en su pecado, más aún, cuando no son reprendidos, y los otros temen quedarse sin congregación si empiezan a hablar con claridad desde el púlpito.

Unos aceptan el engaño, y los otros se convierten en pasivos encubridores de iniquidad, llegando a ser temerosos y cobardes, porque todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es pecado (Sgto. 4:17)

¿Será esa una congregación que agrade a Dios? ¿Cuánto tiempo tardará el Señor en retirar el candelero de ese lugar, si es que no lo ha hecho ya? (Ap. 2:5)

3. Cuando se confunde la misericordia con la permisividad

Los creyentes no debemos confundir la misericordia con la permisividad, pero eso es algo que está ocurriendo hoy en día cada vez más, y es el caldo de cultivo de la iniquidad. Con esa actuación ilegal ante los ojos de Dios, se fomenta el pecado oculto entre los que se dicen creyentes.
Muchos enseñan así: “Dios te conoce, sabe acerca de tus debilidades, pero te acepta tal y como eres”. Diciendo de este modo, están lanzando un mensaje subliminal: “Ya que Dios me acepta como soy, acepta mi pecaminosidad…puedo seguir pecando”.

Dios nos ama. Dios ama al pecador, eso es cierto, pero Dios abomina el pecado del pecador, y manda (no sólo desea) que el que peca deje de hacerlo para que Él le pueda recibir: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y Yo os recibiré” (2 Corintios 6: 17).

El que no se aparta del mal, para el Señor no es miembro de Su congregación aunque esté en ella, de la misma manera que nosotros que somos de Dios no somos del mundo, aunque estemos en él (1 Juan 5:19).

La Biblia nos enseña que, como parte del misterio de la iniquidad (2 Ts. 2:7), se iban a levantar hombres condenados que, encubiertamente, es decir, de forma oculta y disfrazada de piedad, iban a colarse en las filas de los santos, con el inicuo fin de transformar la gracia de Dios en simple y llano libertinaje (Judas 4). Con esa acción, iban a echar por tierra el mensaje de Cristo y el poder de Su obra de redención en muchos que les iban a creer y seguir. ¡Esto está ocurriendo hoy en día en tremendas proporciones!

Se usan los términos gracia y misericordia para establecer una línea de pensamiento y creencia absolutamente apartados de la verdad escritural. La finalidad con que se usan torcidamente estos términos santos, es para promover actitudes y acciones de pecado entre los cristianos, de manera que llegando a creer ser justificados por esa presunta gracia y misericordia, puedan seguir adelante en su iniquidad, sin ser redargüidos por sus conciencias.
Esto es transformar la gracia en libertinaje.

4. Mal usando la música

Me gusta la música desde que tenía uso de razón. Creo que la música es uno de los regalos más hermosos que Dios haya compartido con los hombres, y que el sentir primero y primario es su uso es para exaltarle a Él. Lamentablemente, hoy en día muchos que profesan ser cristianos hacen un mal servicio de ese don.
Hablando de transformar la gracia en libertinaje, uno de los procedimientos que está dando un grande, pero lamentable resultado, es en cuanto al emparejamiento entre la música y lo emotivo versus la verdad.

Muchos, para acallar sus conciencias hasta donde les es posible, “buscan a Dios” en lo puramente emocional, y la música es el vehículo rápido e ideal para alcanzar el corazón.
De ahí gran parte del éxito del llamado “ministerio de música” (tal ministerio así llamado, no se encuentra en la Biblia). De ahí también la gran afluencia a los grandes congresos de alabanza, donde santos, y falsos santos, alaban todos “en unidad” a Dios.

Buscan el toque emocional, y hasta lloran y gimen pareciendo quebrantarse, pero no es así. Sólo permiten que sus emociones aumenten, y las lágrimas afloren, o las risas se hagan oír. Se engañan a sí mismos creyendo que Dios les justifica sin arrepentirse de sus pecados, sólo porque creen sentir la “presencia de Dios” en sus vidas, en ese momento aparentemente trascendental. Son buscadores del sentir de Su presencia, más que buscadores de Su santidad.
Casi con desespero “buscan a Dios”, aunque más bien buscan el favor y la comprensión de Dios basándose en el emocionalismo, ayudándose con los acordes musicales y con las letras de esos coros, muchos de ellos presuntamente de adoración, pero que van dirigidos más bien a tocar la sensibilidad emocional del “adorador”.

También olvidan que no existe verdadera adoración a Dios cuando la persona al tiempo se recrea en el pecado. David inspirado por el Espíritu Santo lo expresó con claridad:
“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”(Salmo 51: 16, 17).

Esa es la persona que como David, reconoce su pecado, lo confiesa, pide perdón, y se aparta de él. Esa persona sí puede usar la música para adorar y alabar a Dios con total libertad, tranquilidad y paz de espíritu.

El Señor está cansado de escuchar cánticos y más cánticos que pretenden exaltarle, que proceden de algunos cantantes y voces de tantos, que se presentan como santos ante Él y la congregación, pero que no lo son. Olvidan que Dios aborrece la hipocresía, y que conoce el Señor a los que son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. (2 Timoteo 2:19).

Además, los hay que han hecho, y hacen, del ministerio de alabanza, un simple y llano negocio, a veces extremadamente lucrativo, y todavía pretenden decirnos que así sirven al Señor. No sirven al Señor, se sirven a sí mismos.

¿Cómo se puede invocar el nombre de Cristo permaneciendo en iniquidad? Dios no quiere que acallemos nuestras conciencias con presuntas alabanzas. El Señor conoce a cada uno de los que cantamos alabanzas a Su nombre. Dice la Palabra que es bueno alabar el nombre de Dios (Sal. 54:6), pero siempre en la hermosura de la santidad, temiéndole. (S. 96:9).
Debemos acallar nuestras conciencias por el perdón derivado de la sangre de Cristo, por el arrepentimiento genuino. Entonces podremos alabarle con libertad y confianza.

Dios quiere que nos arrepintamos de toda iniquidad, pecado oculto y pecado no oculto, para podernos recibir; porque si confesamos nuestro pecado, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)
5. Interesada interpretación de la Palabra

Pero muchos escudan su pecado, el cual les es agradable (He. 11: 25b), argumentando que Dios da mucha más gracia cuando el pecado abunda (Ro. 5:20), y de que el amor (y Dios es amor) cubrirá multitud de pecados (1 Prov. 4:8)… ¡Cómo se puede  torcer el sentido de la Palabra de Dios cuando se quiere!

Es cierto que la gracia de Dios sobreabunda ante la abundancia del pecado del que peca, pero sólo cuando genuinamente se arrepiente y se aparta de esa práctica inicua.
Es cierto que el amor cubre multitud de pecados, pero eso no nos concede licencia alguna para pecar. El amor cubre el pecado del que se arrepiente, porque al hacer así, la sangre del Hijo limpia ese pecado, y de esa manera podemos tener comunión unos con otros, así como con Dios (1 Juan 1:7).

Por lo tanto, la resolución final de todo esto es, que tiene que haber un verdadero apartarse del pecado, confesándolo. Esto es arrepentirse. Todo lo demás, está de más.
Es mucha la iniquidad que existe, pero no el espacio aquí para denunciarla. Empecemos de momento por lo expuesto aquí.

Seamos valientes, y desde el púlpito, o desde la sencilla conversación, expongamos a la luz el pecado, y no temamos que nos vayan a dejar o abandonar por así hacer…y si nos dejan, no nos dejan a nosotros, sino a Aquél que nos comisionó a que como verdaderos hijos de Dios, seamos luz en medio de una generación perversa y amadora del pecado.

Dios le bendiga.

LA PUREZA MORAL:

Sus beneficios:

por Dr. Jaime Mirón

Ahora analizaremos los hermosos beneficios de la pureza moral.

1) La pureza moral crea una confianza mutua entre los novios que se extiende al matrimonio. Algo que hace mucha falta en los noviazgos y los matrimonios modernos.

«Todo es puro para los de corazón puro. En cambio, para los corruptos e incrédulos nada es puro, porque tienen la mente y la conciencia corrompidas» (Tito 1:15).

Este versículo se hace realidad todos los días cuando un hombre con la mente contaminada acusa a su novia o esposa de serle infiel. La impureza arruina la mente, pero la pureza genera confianza.

Cuando un joven toma todas las medidas necesarias para mantenerse puro durante el noviazgo, su matrimonio se caracterizará por un ambiente de confianza.

2) La pureza moral forma la base para el verdadero amor. Hay mucha gente que dice que no puede amar o que ha perdido la capacidad de amar.

A pesar de lo que manda la Biblia: «Para los maridos […] ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia» (Efesios 5:25) escucho casi a diario expresiones como: «Ya no amo a mi esposa». En casi todos los casos esto se debe a que el hombre no tiene la conciencia limpia y ha contaminado el corazón con otra mujer.

Pablo explica de dónde viene el verdadero amor: «El propósito de mi instrucción es que todos los creyentes sean llenos del amor que brota de un corazón puro, de una conciencia limpia y de una fe sincera» (1 Timoteo 1:5).

La persona que no se ha contaminado, que mantiene la conciencia limpia y tiene una fe genuina podrá amar hasta a su enemigo (ver Mateo 5:44).

3) La pureza moral es la base para tomar buenas decisiones. Nosotros, como humanos, tenemos la tendencia de formar hábitos fácilmente, tanto buenos como malos. Hay pasajes bíblicos que indican que la gente repite los mismos errores a menos que haya un cambio radical en su vida.

«Así como el perro vuelve a su vómito, el necio repite su necedad» (Proverbios 26:11).

«Cometen adulterio con sólo mirar y nunca sacian su deseo por el pecado. Incitan a los inestables a pecar y están bien entrenados en la avaricia […]» (2 Pedro 2:14).

No existen decisiones que carecen de importancia. Las decisiones que tomamos hoy, se convierten en prácticas el día de mañana. Si somos puros en las decisiones de hoy, cuando llegue algo realmente trascendente, nos mantendremos fieles a esas decisiones, ya sea una cuestión de dinero, orgullo o sexo.

4) La pureza moral ayuda enormemente en el testimonio a los inconversos.

Toma nota del vínculo entre la conciencia transparente y el testimonio a los inconversos en 1 Pedro:

«En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto. Mantengan siempre limpia la conciencia. Entonces, si la gente habla en contra de ustedes será avergonzada al ver la vida recta que llevan porque pertenecen a Cristo. Recuerden que es mejor sufrir por hacer el bien —si eso es lo que Dios quiere— ¡que sufrir por hacer el mal!» (1 Pedro 3:15-17).

5) La persona que se mantiene pura no tiene que preocuparse por la posibilidad de contraer una enfermedad de transmisión sexual (ETS) ni por quedarse embarazada.

En este momento hay una epidemia de ETS. Uno de los casos más tristes de los que tuve noticia fue una mujer sudamericana que contrajo VHP (Virus de papiloma humano) de su novio, que luego se convirtió en cáncer cervical.
Aun sin el peligro de una ETS, un embarazo durante el noviazgo afectará el resto de tu vida. La siguiente es solo uno de los muchos casos que podría contar:

«Mis padres me criaron en la iglesia. Cuando comencé la escuela secundaria, conocí a un chico y empecé a salir con él. A los 16 años me bauticé y estaba muy bendecida; pero seguía saliendo con este muchacho que no era creyente. Él quería estar conmigo íntimamente pero yo no quería. A los dos años de salir con él, tuvimos relaciones sexuales una sola vez y quedé embarazada. Me di cuenta de que era joven para ser mamá… apenas tenía 18 años. Mi novio empezó a distanciarse. Aparecía y desaparecía porque no le importaba lo que me estaba pasando. Me aparté de la iglesia por vergüenza».

Otro caso, también de jóvenes cristianos:
Mi hijo es producto de un noviazgo. Cuando él se enteró del embarazo me dio la espalda. Al cumplir mi hijo cinco meses, mi ex novio se casó con quien actualmente es su esposa.

Muchos suelen pensar que uno puede hacer «todo» menos el coito y así evitar el embarazo. Sin embargo, es común que una chica se embarace sin que haya penetración. A este tipo de embarazo se le conoce como embarazo por adosculación. El esperma es eyaculado fuera de la vagina, entre las piernas; y el espermatozoide puede deslizarse hacia el interior por las secreciones vaginales. De esa forma encuentra su camino hacia el óvulo y puede producir la fecundación.

6) Cuando uno se mantiene puro, ¡no es necesario tener una buena memoria! La impureza conduce a una doble vida que te obliga a tener una buena memoria para recordar qué mentira le has contado a quién.

7) Cuando uno anda en pureza, no es necesario esconder los mensajes de texto del teléfono celular.

En el matrimonio no debe haber secretos, cuando se casan se convierten en «uno solo» (Génesis 2:24).

8) La pureza moral antes del matrimonio permite que una pareja disfrute del sexo en el matrimonio en toda su plenitud, porque el sexo matrimonial es puro.

En cuanto a esto, sugiero la lectura del libro de Cantares en la Nueva Traducción Viviente.

Recordemos lo que dice Proverbios 5:18-19: «[...] Alégrate con la esposa de tu juventud. Es una cierva amorosa, una gacela llena de gracia. Que sus pechos te satisfagan siempre […]».

9) La pureza moral asegura que el cristiano verá a Dios.

Cristo mismo dice: «Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). La expresión en el original griego es enfática, «él y sólo él» verá a Dios.

El camino de regreso

Sin lugar a dudas, habrá varios que al leer este artículo se darán cuenta de que es muy tarde porque ya están sufriendo las consecuencias de sus malas decisiones y la impureza moral. No obstante, desean conocer el camino de regreso. Ese camino pasa por el perdón de Dios. Debes arrepentirte y mostrar luego frutos dignos de arrepentimiento (Lucas 3:8).

Pasajes sugeridos: Salmo 32, Salmo 51, Proverbios 28:13 y 1 Juan 1:9.

¿ES LA CRUZ UN SÍMBOLO DEL CRISTIANISMO?

La cruz NUNCA fue un símbolo del cristianismo bíblico. En todos los registros arqueológicos que se han encontrado correspondientes a la época del cristianismo primitivo, incluyendo todos los dibujos que se han hallado en las catacumbas donde se reunían los cristianos en los primeros siglos, jamás aparece ninguno que haga alusión a una cruz.

En la Biblia toda mención que se hace a la cruz, es para describirla como objeto de maldición, de ningún modo como objeto de culto o adoración. Gal. 3:13 "porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero".

Es más, la Palabra de Dios condena enfáticamente todo aquello que sea confeccionado por el hombre como objeto de culto, porque Dios es Espíritu y no puede ser representado por elementos materiales. El Señor reprende duramente en muchos pasajes de la Biblia, la necedad del corazón idolátrico del hombre de querer hacerse objetos de culto y adoración de diferentes materiales, solamente citaré uno como ejemplo:

Is. 44:10-20 "¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una.

El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya.

El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú.

No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?"

La cruz como objeto de culto y fetichismo aparece solamente cuando comienza el catolicismo romano con Constantino en el siglo IV, quién además de soldado fue un hábil político y líder.
Para lograr su objetivo de conquistar Roma, dijo que Dios le había mostrado a través de una visión un símbolo por medio del cual le otorgaría una aplastante victoria, era una cruz, la cual la hizo pintar en todos los escudos y uniformes de sus soldados, quienes fortalecidos con esa superstición pagana arrasaron al día siguiente la ciudad de Roma, permitiendo a Constantino hacerse de tan importante e influyente poder que cambiaría el curso de la historia.
Ese símbolo de la cruz ha acompañado a lo largo de los siglos el poder de Roma. Tal es así, que durante la época de las sangrientas y brutales guerras de conquista que inició la iglesia católica durante las "cruzadas", que se extendieron durante varios siglos, a todos sus soldados se les conocía precisamente como "los cruzados". Porque ese símbolo de la cruz que impuso Constantino, continuó siendo utilizado con fines fetichistas y supersticiosos para lograr sus cruentas victorias, que como bien sabemos, estaban bañadas en sangre y acompañadas del pillaje y saqueo.

El papa León IX dio ejemplo al marchar al frente de las tropas con las que esperaba derrotar a los normandos. Todas esas guerras de conquistas de territorios que Roma reclamaba como "propiedad de San Pedro", contaban con la bendición y apoyo de la iglesia católica, donde el símbolo de la cruz continuó explotándose con gran eficacia.
Posteriormente la cruz también fue incorporada en los cultos esotéricos por los adoradores de Satanás, pero ellos la usan invertida. Aunque en el catolicismo también se emplea de esa manera por todos aquellos que hacen "la señal de la cruz" al persignarse.

Inician su rito ceremonial con la mano sobre la frente, luego la llevan hasta el centro del pecho, para continuar tocándose el hombro derecho y posteriormente el izquierdo, formando una perfecta cruz invertida. Este signo satánico ha sido una práctica impuesta por todos los papas y usado por los católicos en todo el mundo hasta nuestros días.
Aunque lamentablemente en la "alquimia" religiosa que impera en nuestros días, impulsada por el ecumenismo que presentó la iglesia católica en el concilio del Vaticano II por medio de Juan Pablo II, los "nuevos" evangélicos (los Pentecostáles y carismáticos en general) que han aceptado integrarse a esa unión poligámica con Roma, también han comenzado a colocar una cruz en sus templos, sin embargo muchos de ellos han preferido colocarla inclinada, como cayéndose del tejado.

Antiguamente los ladrones colgaban de las cruces, hoy las cruces cuelgan de muchos de ellos. Pero el cristiano que desea agradar a ese Dios que es Espíritu y Verdad, el que nos presenta la Biblia; naturalmente que no participará ni se congregará donde se exhiben esos objetos, símbolos ajenos y contrarios a la enseñanza de la Palabra de Dios.

¿CUÁL ES TU VERDADERO INTERÉS EN ESTA TIERRA?

(Mateo 6: 19-21)

“19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”

El ser humano tiene una innata capacidad de intentar esconder de los demás sus verdaderos motivos e intenciones cuando quiere.
Somos – carnalmente hablando – casi expertos en el disimulo.
De los demás podemos escondernos. De Dios, no.
Sabiendo esto, el Señor enseñó diciendo que de todas, todas, sea cual sea lo que realmente nos importa (sea lo que sea), nuestro corazón quedará prendado por ello, y que de una manera u otra, la evidencia se hará manifiesta.

1. ¿Dónde está tu corazón?: donde esté tu deseo

“21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”:
Ese esconder no es siempre intencionado; a veces se manifiesta sin darnos cuenta.
Nos pasa muchas veces que estando físicamente en un lugar; nuestra mente está en otro muy distinto; aun y así ponemos cara como que estamos atendiendo…sobre todo si es en la iglesia. De hecho somos bastante expertos en eso.
El predicador está trayendo la Palabra al oyente, y el oyente está ausente, con su mente en otro lugar, o en otro asunto.

Lo que debemos hacer es practicar un poco de dominio propio, y dar prioridad a lo que realmente es importante en ese momento. Es preciso sujetar nuestra mente.  
Pero ahora lo que queremos es ir más allá, y no sólo hablar de un descuido de nuestra mente (intencionado o no), sino de DONDE ESTÁ REALMENTE NUESTRO CORAZÓN.
Jesús de Nazaret enseñó que nuestro corazón estará allí donde esté nuestro tesoro.
Dicho de otro modo: donde esté nuestro deseo, estará nuestro corazón.
Entendamos bien estas cosas:

El corazón

El corazón es a menudo mencionado en las Escrituras como el asiento o receptáculo de los afectos, deseos, anhelos, y hasta pasiones; también de la sabiduría y el entendimiento.
El corazón es el receptáculo de nuestros deseos. Por ello nuestros deseos deberían ser los de Dios, no los nuestros a secas.
El corazón, como su misma palabra indica, es el centro de lo que somos, pero como hombres naturales.

Vemos que la Escritura dice como sigue:
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6: 5)
A causa de la caída, la intención del corazón del ser humano ha sido hacia el mal.
No indica, por tanto, necesariamente una realidad espiritual de Cristo en la vida, en cuanto al creyente. Esto último sería lo que la Biblia denomina el hombre interior, y éste salvado y restaurado por la sangre de Cristo y la obra del Espíritu..
El corazón es asunto del hombre en general, porque: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17: 9)
Así pues:
  1. El corazón: es compartido por el hombre natural y el espiritual
  2. El hombre interior rescatado: es sólo del hombre espiritual. 
Romanos 8: 5; “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”.
Partimos de la base, entonces, que lo que nuestro corazón sienta, no siempre es de Dios, aun y siendo cristianos nacidos de nuevo.

El tesoro

En este caso, es lo que realmente AMAMOS; es lo que es realmente importante para nosotros, sea que sea así, o que simplemente nos lo parezca.
Muchas cosas de las que podemos llegar a amar, pueden ser inútiles, sin embargo lo que hace que sean importantes, no son las cosas por sí mismas o en sí mismas, sino según la importancia que les concedamos, y por tanto, el tipo de lugar que ocupen en nuestro corazón.
Esa importancia, de todos modos, será real, o ficticia.
La Palabra nos enseña que de todas, todas, un tesoro que pueda ser importante, pero que es ficticio, es el que nos podemos hacer en este mundo:
Los tesoros en este mundo

19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan”:
Todo el verdadero cristianismo va enfocado y dirigido, no en términos temporales, sino eternos.

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3: 2)
La misma filosofía del Evangelio, nos enseña que esta vida es absolutamente efímera y pasajera, pero lo que realmente tiene valor es lo eterno.
“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4: 18)
Las cosas que tienen valor no son las materiales, sino las espirituales de Dios.

Los tesoros en nuestro corazón, son los que hemos decidido que sean
La Palabra nos enseña que decidamos bien cual vaya a ser nuestro tesoro; ¿por qué?
Porque según sea ese tesoro amado, así  llegaremos a ser, en mayor o en menor parte.
Implícitamente vemos que nosotros (sobre todo nosotros, como cristianos) tenemos la posibilidad de decidir cual vaya a ser nuestro tesoro. Por lo tanto no tenemos excusa.
Jesús fue muy claro diciéndolo: Si nos hacemos tesoros de las cosas que son pasajeras (“tesoros en la tierra”), nuestra vida sufrirá pérdida eterna.

Esos tesoros de la tierra, además de ser pasajeros en su esencia, están siempre expuestos al deterioro constante: (“donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan”).

La segunda ley de la Termodinámica

Existe una segunda ley de la Termodinámica, llamada también la “Ley de la entropía”, la cual viene a decirnos que todo lo que existe en el mundo natural tiende a desgastarse o a desordenarse desde el momento en que aparece o se forma. Dice al respecto Grant. R. Jeffrey:
“Esta segunda ley de la termodinámica, describe el hecho de que todos los sistemas y elementos del universo tienden a desintegrarse a un orden menor de energía u organización disponibles”
Es decir, que todas las cosas tienden a degenerarse hasta desaparecer como tales. Por ejemplo, si dejas un pedazo de hierro nuevo a la intemperie, se irá oxidando, y con el tiempo se deshará del todo.
Jesús nos dice que todo lo que contiene actualmente este mundo, el cual está bajo maldición (Gn. 3: 17), ha recibido la orden de desaparecer.

Los tesoros del Cielo

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1: 9)
El conocimiento de Su voluntad deberá ser nuestro tesoro.
El mismo Jesús nos explica que existen tesoros que son perdurables hasta la eternidad; son los tesoros celestiales: “20sino haceos tesoros en el cielo”.

Estos son los tesoros que perdurarán por siempre; son los eternos.
Estos son consecuencia de buscar el conocer y hacer la voluntad de Dios, aquí en la tierra.
Estos tesoros no están expuestos en ningún modo a la segunda ley de la Termodinámica, o Entropía, ya que gozan de la total bendición de Dios, al no pertenecer a este mundo caído y bajo maldición: (“donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”).
Salmo 143: 10 “Enséñame a hacer Tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”.

Salmo 40: 8 “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”.

2. ¿Cómo saber cuál es nuestro tesoro?

Nosotros podemos llegar a saber cuál es el tesoro en el cual nuestro corazón está ocupado:
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6: 45).

Lo que nuestra boca hablare será indicativo de lo que hubiere en nuestro corazón.
Es cierto que hay personas que hablan más que otras, pero no importa. Lo que hay en nuestro interior se hará evidente en la medida en que procedamos con normalidad en nuestra cotidianidad.

Lo contrario sería fruto de la hipocresía, como la de los fariseos:
“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mateo 12: 34).

Aquellos fariseos eran impelidos por Jesús porque estaban demasiado acostumbrados a ser falsos e hipócritas. En sus corazones anidaban todas las perversiones que Jesús sabía que tenían, pero ellos dominaban el arte de engañar, mostrándose ante los demás como lo que no eran: santos.
Esto mismo está ocurriendo hoy en día con los actuales fariseos. Hombres corruptos, pero que saben como mostrar una piedad exterior. Estos presiden grandes púlpitos y plataformas “cristianas” mediáticas.

Pero lo habitual no es eso, sino que el que no busca esconder nada, siendo como un libro abierto, se ve en el lo que está en su corazón, porque lo dirá con sus labios.
Así que lo importante no es el mostrar, sino que estamos mostrando.

Que lo que mostremos, porque esté en nuestro corazón, sea el Señor.//